Cuando se dice “¿Qué es la Verdad?” en realidad deberíamos decir
“¿Quién es la Verdad?”, ya que la Verdad no es un “QUÉ”, es decir,
un conjunto de normas y reglas que aceptamos o no, se adaptan a nuestra forma de ser
o no, las elegimos o no, y que nos hace más verdaderos o menos verdaderos, sino que
la Verdad es una persona, Jesucristo, cuyo Ser contiene toda la
Verdad en Sí misma, una Palabra que expresa toda la plenitud de la Ley, sus Leyes y
Mandamientos, su primer Derecho y su Justicia, Fuente de todo ser y Fuente de todo
lo creado y que se hace VIDA en nosotros. Por tanto, la persona que
busca la Verdad, la busca en PLENITUD, para hacerse imagen y
semejanza de ella y no como una escala de valores a su medida y al criterio de
“su verdad” egoísta.
Jesucristo es la única Verdad, porque al resucitar de entre los
muertos, al tercer día de su muerte, nos demuestra que Él es la
Resurrección y la Vida, y por tanto el Camino, el Hijo único de Dios, venido del Cielo
desde la eternidad.
Él es nuestra
PRUEBA
de que también nosotros resucitaremos el último día
SI
estamos unidos a Él y la prueba irrefutable de que Dios es la única
VERDAD
en nuestro mundo, ya que es el único
SER
que ha bajado del Cielo y ha retornado a ese mismo Cielo,
derrotando a la muerte en su Resurrección.
“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el
que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna”
(Juan, 3, 15-21)
Jesucristo; Camino, Verdad y Vida
La inteligencia espiritual ya aparece en la Biblia, y se entiende
como la capacidad dada por Dios de comprender su voluntad y la
realidad espiritual.
Se menciona en versículos como
Colosenses 1:9,
donde el apóstol Pablo ruega que los creyentes sean llenos de
«conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual»
.
Es una inteligencia que proviene del Espíritu Santo, y no de la
sabiduría humana, y se cultiva al buscar a Dios, leer las Escrituras
y alinear mi propia voluntad con la suya.
Permite a las personas entender tanto la voluntad general de Dios,
su plan divino, como la específica para sus vidas.
Con el don de inteligencia, el Espíritu Santo nos abre a la
comprensión de las palabras del Señor, pero no estamos únicamente
ante una comprensión intelectual, sino de un conocimiento de Cristo
basado en una relación personal de amistad que nos lleva a vivir
en plena comunión con Él, viviendo y manifestando que
Él es la Verdad.